Me contaron que el gorrión ya no quiso cantar, sentado en la rama del árbol de Jacarandá, no quiso y no quiso, de pronto se puso a llorar, son lágrimas de luto, por su amada que no está. Todos las aves se acercaron para decirle que no llore más, su mirada estaba triste y no pudo contestar.Dicen que paso mucho tiempo llorando aquí y allá... Todos le llevaron presentes para su corazón calmar, un día ya no lo vieron, pensaron que su amor lo llevo al más allá. Pasó mucho tiempo sin oír en el valle su trinar, sus amigos estaban tristes, no lo pueden olvidar, su canto cautiva el alma, su trino nos hace soñar, en el sublime sentimiento, que los latidos sean más fuertes y veloces como el viento y tranquilos como el mar.
Atrasadas las últimas gotitas del invierno, se quedaron a jugar con las espadas del sol, muy calientes van a estar, transformándose en arco iris, pintaba con su paleta de colores, una banda señorial, también los capullos de las rosas pronto van a despertar.
El silencio fue interrumpido por un canto angelical, era el gorrión, que inmóvil cantada en el árbol del Jacaranda, de pronto dijo -“La herida que en el corazón tengo, no se va a borrar, su huella me dice ¡que soy un sobreviviente más!” Y canto y canto a su amada con una voz angelical.
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